DIFERENCIA ENTRE NIÑO HIPERACTIVO Y NIÑO INDIGO (Segunda Parte)
Explicación de cuadros temáticos.

CONFERENCIA SOBRE NIÑOS ÍNDIGO - NINA LLINARES
CENTRO UNIVERSITARIO DE ESTUDIOS NUCLEARES
México, D.F.; 18 de septiembre 2003

En primer lugar los cuadros que tengo aquí son totalmente subjetivos y personales, basados en mi experiencia y en mi nivel de interacción y aprendizaje, porque todo lo que se de índigos, me lo han enseñado ellos. Ellos, sus papás y el recuerdo de muchas cosas de mi infancia. Sobre todo de mis diarios. Les aconsejo a todos que si ustedes de pequeños escribían diarios los saquen de donde estén y descubrirán al índigo que tienen dentro.

Bien, esto no es un cuadro en absoluto científico, sino que repito: está basado en mi experiencia personal, totalmente subjetivo. Vamos a ponernos nuestra mano en el corazón y vamos a sentir si lo que tenemos en nuestras aulas, en nuestras consultas, en nuestra casa como hijos, sobrinos, nietos es un índigo o un hiperactivo. Y también tengan en cuenta todo el tiempo que un índigo puede pasar temporalmente fases, etapas o años como hiperactivo, por no haber sido comprendido. Y también que muchos hiperactivos, potencialmente, pueden ser índigos.

En primer lugar: la medicina oficial no tiene ni idea sobre cómo se puede paliar (¡paliar sí, hombre, medicando!), o mejor dicho, no tiene ni idea de dónde viene el Síndrome de Déficit de Atención, la hiperactividad, y lo único que se atreven a hablar, a decir es a nivel científico, que “los neurotransmisores, que son las células neuronales, del sistema nervioso central, a nivel biológico tienen una disfuncionalidad, y que esta disfuncionalidad hace que el niño sea un auténtico torbellino, y que normalmente preguntando a mamá o papá, también ellos eran así en la infancia”. Y los abuelitos y las abuelitas dicen: “si es que es igual, es un demonio, es igual que su padre o su madre cuando era pequeño”… Por lo tanto, la hiperactividad no es algo de estos años, no es algo de hace poco, sino que es muy antigua, la hiperactividad. ¿Y qué pasaba antes con los niños hiperactivos? Pues nada, no había psicólogos, y por lo tanto tampoco había traumas… Claro, claro… Y los niños jugaban en medio de la calle (y yo he jugado a pedrada limpia, con botellas vacías de cerveza – y no soy tan mayor –), y cuando alguien llegaba llorando a casa, con un descalabro aquí, o con la rodilla al aire, pues su madre o su padre lo han curado, y ya está… Ahora en mi país por lo menos, denuncias que salen hasta en los periódicos, y no digo nada si es que eso pasa en un colegio, etc.

Esto es sólo una pequeña introducción, pero tampoco se trata de asustarnos ante el tema del niño hiperactivo. Hiperactivos ha habido toda la vida. Lo que pasa es que ahora es moderno llamarlo por su propio nombre: hiperactivo. Pero que niño travieso, niña traviesa que se subía a los árboles, que metía los dedos a los enchufes, etc., ha estado siempre. Bien: pues ahora los médicos ante la avalancha de preocupación de tantos padres y madres en tantos países que van a ver al profesional de la salud; ante tantos profesores y profesoras, maestros y maestras que se quejan de que los niños hiperactivos les descontrolan a los demás, que están más normales, pues ya los médicos han dado una explicación, que es lo que dije antes: “el hiperactivo no se puede concentrar en ningún lugar, no se puede concentrar porque tiene una falta, una disfunción neurobiológica del sistema nervioso central, basada en que sus neurotransmisores no interactúan bien, y eso da como resultado el hecho de que su comportamiento sea bastante antisocial… Mi abuela lo definía mejor: “eres de la cáscara del diablo”… No paras…

Esto asusta… No me digas que llevas a un especialista o a la psicóloga o al psicólogo de su colegio y te dice: “tu hijo necesita Ritalín, tu hijo necesita ser medicado porque no lo puedo soportar, en la clase me descontrola a todos los demás; tu hijo se tiene qué adaptar… tu hijo es un niño problema”… Y tú que trabajas, y tu pareja que a veces te escucha y a veces no, y tu madre que te dice “es que es igual que tú”, y tu suegra que te dice que haces cosas muy raras, y tus amigas te dicen unas esto y otras lo otro… ¿Qué hacemos? Lo que he dicho antes: cree en ti, no entregues tu poder a nadie; ni libros, ni conferenciantes, ni médicos, ni fármacos… Aquí está la solución.: te ha elegido, y todo tiene solució: se creativo, se creativa, sigue informándote, por supuesto. Por lo tanto, nos ponemos la mano en el corazón, no nos sentimos en absoluto mal si a partir de ahora empiezas a reconocer que tu hijo no es índigo, sino que es un hiperactivo o que tu hijo no es índigo, sino que tu hijo “es raro” o medio psicótico… No hay ningún problema: ha existido siempre esto. Es propio de la infancia. Seguirá ocurriendo, e igual descubres que tienes un índigo, porque repito: la facultad índigo es inherente a todos, es latente en todos. Se puede desarrollar en todos porque es una forma de relacionarte con la vida; no solamente desde la razón, sino también desde la intuición. No solamente desee lo práctico, sino también desde lo creativo…

Bien, vemos que el índigo tiene un nivel de energía tremendo, pero no siempre. El hiperactivo tiene una energía que le desborda. Se mueve compulsivamente hasta durmiendo. Tiene un nivel de energía espectacular. Iremos viendo más cosas. El índigo, si además es un niño o una niña “cristal”, es un niño o una niña tranquilo. Diferencia entre índigo y cristal: el cristal es puro amor, el cristal es pura paz; son muy pacíficos, muy tranquilos, muy quietos, muy amorosos, muy sabios, muy silenciosos… Yo les defino como los “maestros índigo”, y por supuesto, tienen las facultades índigo (es decir, las facultades de su hemisferio derecho y todas sus cualidades) altamente desarrolladas: ven otras realidades, hablan con seres de otros niveles de realidad o realidades paralelas; etcétera, como iremos viendo.

El hiperactivo no se concentra casi nunca en la clase o en una tarea que tú le des; el índigo sí que se sabe concentrar, siempre y cuando le hagas una exposición, o le des un aliciente creativo. Si es creatividad participativa, más. Y luego pues, tenemos aquí que yo sepa a una profesora que tiene niños índigo en su aula y aún más, muchas profesoras aquí en esta fila y psicólogas … Todas vosotras, ¿no?... Muy bien… Las valientes… Bien, pues de todo lo que yo estoy diciendo, por favor os pido (ya que tenemos la fortuna de poder contar con vuestro testimonio – y por cierto, no son funcionarias, no se limitan a recibir un sueldo a mitad de mes; son vocacionales, pues si no, no estarían aquí: estarían en el cine, o tomando café… Aman a los niños y aman su trabajo –)… os pido por favor que en este cuadro, que aunque es totalmente subjetivo porque está basado en mi experiencia (de la que aprendo constantemente sobre el tema índigo de los propios índigo, incluidos padres y educadores), en lo que no estéis de acuerdo, o en lo que queráis aportar, algún dato de enriquecimiento, os lo anotéis para cuando yo termine la conferencia y sea a nivel de preguntas. Y si estáis totalmente de acuerdo, pues también lo expresáis, porque todo lo que he puesto acá está basado en la retroalimentación para poder hablar con claridad, y para también, como les decía al principio, desmitificar este tema, el tema índigo, que se está desbordando. El oportunismo, en temas relacionados con la infancia, siempre es un peligro que nos acecha. Siempre. Cualquiera nos puede vender cualquier cosa, porque los niños son nuestro futuro, son nuestra preocupación. Por tanto, repito: no entreguemos nuestro poder. Sólo si sentimos que eso es así, nos unimos, si no, NO.

El hiperactivo demanda atención continuamente pero no presta atención. Digamos que le interesa tener compañía, saber que ahí hay alguien… El índigo necesita ser escuchado, demanda atención porque necesita ser escuchado, porque en algún nivel de su corazoncito, él sabe que es especial. Lo sabe, por lo tanto necesita ser escuchado. Es diferente, como hemos visto. El hiperactivo demanda atención pero no escucha: va a su ritmo, va a la suya… De vez en cuando se da cuenta de que estás ahí, pero como si viviera en otra realidad. También puede ser diagnosticado como “rasgos psicóticos”, pero no es un psicótico; “con rasgos autistas”, y no es un autista: reacciona muy bien. El hiperactivo que no es índigo reacciona muy bien al amor, a los cuidados, a la atención; a lo que no reacciona es a la queja, no habla; va de cabeza a otra actividad. En cambio el índigo se marchita, se marchita… Si tú le rechazas o se siente que no le escuchas, si prestas atención está en un rinconcito, o está mirando por una ventana: necesita ser escuchado, y por eso demanda atención. No es lo mismo que necesitar compañía.

Agresividad. El nivel de agresividad en el hiperactivo: es una mole de movimiento, parece que no tenga compasión; pero en realidad, como lo veremos, es que tiene problemas psicomotrices, y no controla bien el espacio; parece que no es compasivo, porque no es consciente de que hace daño a los demás. El índigo actúa con compasión, desde pequeñitos; no son combativos, ceden sus juguetes, son (y estoy hablando en términos muy generales, porque hay excepciones por supuesto) y actúan con mucha compasión para ser un niño, y para ser tan pequeñito…

La expresión verbal. El índigo, desde que empieza a hablar, tardan mucho en hablar, pero cuando hablan, hablan frases enteras, y otros son muy precoces hablando (Manuel tiene un hijo de tres años que tiene un nivel de léxico desbordante; él es uno de los directivos del Centro Ketzalkóatl, y da mucho placer hablar con él, porque parece que estés hablando con un niño con todo el encanto de niño, y con un sabio, como que tuviera unos secretos que necesita crecer para transmitirte). Esa es la magia de los índigos: siente; si tienes uno así, siente… El hiperactivo habla a trompicones, no se le entiende, habla frases cortas, y sólo le suele entender su mamá, su cuidadora o su papá, o una hermana o un hermano: alguien que ejerce de traductor, y además confunde los tiempos y los modos: puede hablar en indicativo o en subjuntivo: “cuando he venido comeré”… O sea… Como que tiene una falta de coherencia y de conexión con las realidades temporales, espaciales, como iremos viendo… En cambio el índigo expresa muy bien sus emociones, sus sentimientos, sus enfados, sus porqués… Parece un monstruo, porque te hace unos razonamientos con una total sinceridad del corazón. Esa es la diferencia.

La autoestima. El índigo tiene un alto nivel de autoestima; son como aristócratas, como principitos, como princesas… Por supuesto que son vulnerables, como todo niño. Sin embargo, el hiperactivo es consciente de que algo pasa, algo ocurre: “nadie quiere jugar conmigo, no me invitan a los cumpleaños”… A mi hijo le ocurría esto, y entonces yo le hice ser atractivo a través de comprarle juegos participativos: llevaba varias peonzas, trompos; llevada constantemente cuerdas nuevas para jugar a la comba; llevaba cartas de esas de las Pokemon para poderlas sortear, regalar. Yo “mataba varios pájaros de un tiro”: es decir, que le hacía atractivo a los ojos de los demás, porque regalaba cosas y porque llevaba juguetes participativos. Pero esto era un truco de madre (y como dicen en mi pueblo: “sabe más el diablo por ser viejo que por diablo”). Yo tuve ese problema de rechazo, y mi hijo, con sus rasgos de hiperactivo, estaba teniéndolos también. Yo los viví en silencio, porque a mí mi madre nunca me escuchó, Mi hijo me ha elegido; tiene como un 30% de potencial índigo, y bastante más de hiperactividad en su infancia; ahora tiene doce años. Ese era un truco que yo me saqué de la manga, siendo creativa, y no se si está bien o mal, pero lo único que les digo es que dio resultado: al niño empezaron a participarle, a contar con él, porque llevaba cosas participativas. Yo siento que todo vale desde el corazón para evitar el rechazo, porque el rechazo te mata, te daña y mucho. A mí me normalizaron con muchas normas, entré en el silencio y fui tartamuda hasta los treinta años. ¿Para qué tenemos qué fomentar algo relacionado con su capacidad de expresar? Si un índigo o un hiperactivo se cierra, si cierra este chakra, ( el chakra de la garganta) que por cierto es el chakra del poder, va a tardar mucho en florecer. Tendremos un adolescente silencioso, que es de lo peor, porque no sabes lo que piensa, no sabes lo que siente y no sabes qué va a hacer mañana porque no habla. Y todo esto se gesta en la infancia. Por lo tanto, el nivel de autoestima de un índigo es elevadísimo, pero si en el colegio se le rechaza, si se le está agrediendo constantemente a su autoestima…

Normalmente el índigo sabe más que sus profesoras, sobre todo sabe a través de una mirada sus estados de ánimo, y te dice unas cosas que te dejan helada, porque ¿cómo puede escanearte de esa manera? Te escanea, te hace un escaneo – y veo que todas aquí están diciendo que sí –. Te escanean con una mirada y no todos los profesores o profesoras tienen el nivel de humildad de saber que su profesión no implica saberlo todo y que no es necesario darle constantemente la imagen al niño de que es su fuente, su modelo. No. Hay muchas profesoras que reaccionan con el niño índigo sobre todo, se bajan a su altura física y le reconocen: “Discúlpame, sí, así es: es que hoy estoy un poco triste”. Mientras que la norma de cuando nosotros éramos pequeños ¿qué era? “Los herederos de Dios son dos: el médico y el profesor”, y no podíamos contradecirles, y en algunas ocasiones no podíamos ni mirarles a los ojos, porque no, no…

El hiperactivo es consciente de que “nadie me quiere, nadie quiere jugar conmigo” No tiene patrones socializantes: o sea que todavía no sabe jugar. Si hay que jugar a correr pues corre, y si avienta a tres o cuatro niños al suelo, pues lo niños se hacen daño, las mamás se quejan con la profesora, la profesora ya no sabe qué hacer, “¡sácalo de este colegio!”. ¿Y cuántos niños hiperactivos tenemos en casa sin encontrar colegio y el rechazo colegio tras colegio, la frustración, la tristeza y el daño que se le está haciendo a ese niño por su hiperactividad… Que a veces la hiperactividad está escondiendo un potencial índigo… A veces, la mayoría de las veces, y cada vez más. Y como decía anteriormente, la medicina oficial sólo ha diagnosticado, porque es experta en diagnosticar, y tenemos este diagnóstico: “los neurotransmisores no se comportan de una manera adecuada para socializarse en edad temprana, y se puede llegar hasta la adolescencia y hay rasgos de hiperactividad en el adulto a o largo de toda su vida”. Eso es lo que dicen y punto. Nada más. Por lo tanto, ¿qué alternativas dan? Una: Ritalín o sus derivados o sus afines.

Fíjense en lo que les voy a decir. Yo por supuesto estoy en contra de medicar, de drogar, pero en casos severos de hiperactividad que no son índigos, la medicación les tranquiliza, y por lo tanto si les tranquiliza a nivel motriz, su capacidad para fijarse y para emitir sus propios juicios a través de la observación se ira abriendo… Porque el hiperactivo no tiene modo de enlazar conclusiones, mas que de una manera: dándoles frases cortas, concretas y repetitivas, una y otra vez, con grandes dosis de amor, compañía y atención. Eso el hiperactivo puro y duro. Si cuando con esas grandes dosis de órdenes concretas, con frases cortas, amor y comprensión logramos un cambio, el hiperactivo la mayor parte del tiempo se cree que nadie le comprende, pero no sabe que ni siquiera sabe que nadie le comprende… Es difícil… Y en el momento en el que siente que forma parte de una familia, de una mamá, de un papá, de un lugar, de una casa empieza a bajar su nivel de hiperactividad, y comienza a subir (si tiene que subir) su nivel de frecuencia índigo, y la mayoría de hiperactivos son índigo. Pero primero sepamos estimar, porque si tenemos un hiperactivo, lo vamos a saber, vamos a seguir viendo y a seguir sintiendo…

Repito: a nivel de autoestima, el índigo la tiene muy bien, y si se le daña (incluso es aristocrático en su porte, en sus maneras y en sus contestaciones… No es maleducado, pero no le sirve el “porque lo digo yo”; te responde: “explícamelo mejor”, “no lo entiendo”, “dime por qué”, etc.), se marchita y se aísla; pero generalmente su autoestima es de un muy alto nivel. El hiperactivo sólo sabe que “nadie quiere jugar conmigo, nadie me quiere”… Esas son sus dos cuestiones que incluso tarda en decirlas. Normalmente es monosilábico: “¿Te lo has pasado bien? Si”; “¿Has jugado en el colegio? No”; “¿Han querido jugar contigo los niños? No”; “¿Con cuántos niños has jugado? No”… “¿Has jugado con muchos niños? No”. Ése es el hiperactivo.

Resistencia física. El índigo no suele enfermarse nunca. Y además, si se hace una herida o una fractura en el pié, en la pierna, en el brazo, sanan milagrosamente. Eso es algo que muchas mamás me dicen, y que yo también he observado. Pero es algo espectacular: Curan milagrosamente, se reponen, se recuperan y es una maravilla. El hiperactivo suele tener asma, alergias, suele tener gripas y bastantes a lo largo del año; pero sobre todo el problema del asma y de las alergias. Y si se le hacen pruebas, igual no tiene nada, pero sigue griposo, sigue asmático, sigue alérgico. Curioso… El índigo no. Hay casos de una sensibilidad en la piel, pero son casos aislados, y por supuesto hay índigos con una salud nefasta, y hay índigos parapléjicos, etc. Esto es un dato general y estadístico, subjetivo según mis estadísticas y mi experiencia, pero no es algo oficial, y ni siquiera oficioso. Es algo participativo para que vayamos sintiendo.

La madurez. Desde pequeñitos los índigo parecen ser lo que yo he venido en definir como unos “adultos sabios”. Es como que te está mirando alguien que conoce tu alma. Es alguien que se te mete por los ojos y te llega al corazón. Eso desde la cuna, y ya cuando empiezan a hablar, es algo espectacular, porque tienen un comportamiento muy maduro. Por supuesto son niños y pueden hacer cualquier travesura, los índigo; en cambio el hiperactivo se suele comportar como bebé, ya con 5, 6, 7 e incluso 8 años; como bebé grande, y sigue, a nivel de madurez emocional, mental, sigue costándole sacar conclusiones. No sabe sacar conclusiones. Incluso muchos hiperactivos preguntan lo que quieren que se les pregunte. Y eso sólo lo saben las mamás, algunas maestras, pero con tal de estar en la acción y en la acción no sacan sus propias conclusiones. Un buen método es preguntarles lo que preguntan, o como hace una amiga mía que tiene un hijo bastante hiperactivo, le contesta a su pregunta: “dímelo tú, tú lo sabes”, y entonces el niño se lo explica. Pero el hiperactivo, con tal de tener acción es más fácil preguntarle y que te conteste, a sacar sus propios juicios, sus propias conclusiones.

La medicación. ¿El hiperactivo reacciona a la medicación? Sí, reacciona a la medicación. El índigo no suele reaccionar a la medicación, no suele hacerlo. No le va la medicina alopática o los fármacos tradicionales, no le van. Entonces las mamás (sobre todo ellas), los papás y las educadoras nos preguntamos qué pasa aquí… Si le doy un antihistamínico para bajarle la fiebre, ¿cómo es que sigue con calentura, y cómo es que no está destrozado? Pues es su método de dar un estirón, o es su método de limpiar agresividad, hostilidad de su ambiente familiar, de la relación parental que hay; es su propio método de sacar la energía triste que se trae del colegio. Pero la medicación normalmente no le hace efecto, apenas crea reacción.

Nivel de protección. El hiperactivo es, ¿cómo lo diría yo? Como un pequeño Termineitor: no sabe cuidar ni se da cuenta de que hay plantas…de que aquí tienes un altarcito con cristales… le pisa la cola al perro demasiadas veces., aunque le encanta el perro, pero como que va mirando a todas partes y pasa el perro y lo pisa… El índigo tiene una antena especial para saber que el perro está ahí, hasta en la oscuridad. El índigo quiere tener sus propias plantas, sus propios minerales; cuidan de sus minerales. Les atraen normalmente los cuarzos rosas, los cuarzos transparentes, las amatistas, tienen su pequeña colección… La pasa muy bien en la Naturaleza, etc. Le encantan los animales, sabe respetarlos, sabe cuidarles, les habla a los animales, y muchos índigos, pero muchos reciben mensajes telepáticos de sus animales domésticos y de los animales domésticos de los demás. Bueno, y ni hablar de sus ángeles, para ellos hablar con los ángeles es algo muy normal y de sus padres que tienen en otro planeta, y cosas así. Evidentemente si llevamos a un psiquiatra infantil a nuestro pequeño índigo que habla de esto, pues le va a decir a los papás que necesita medicación.

Necesidad de azúcar. Total. El hiperactivo es un goloso nato: le encantan las golosinas, y en cambio al índigo no tanto. Y en la alimentación vegetariana, por ejemplo el hiperactivo, con tal de comer y comer, o tener cosas atractivas come más por los ojos. El hiperactivo come más por los ojos. En cambio el índigo un 20% de bebés índigos escupen si les das un puré en el que haya carne triturada. Comida de origen animal la detectan y la escupen directamente. Siendo bebés, y cuando van creciendo, como quieren tener películas de animalitos o bien animalitos cerca de ellos, rechazan por completo la comida que sea de origen animal. Suelen ser vegetarianos. Pero también he observado que si se les impone (porque papá y mamá son vegetarianos, hacen yoga, no fuman, y se la pasan con el Om todo el día), pues estos niños en cuanto pueden, apenas pueden se van al McDonalds… En cuanto pueden, buscan pastelitos industriales que son de lo más patético a nivel nutricional, y eso… Y son índigos, por supuesto. Pero independientemente de que sena índigos o no, todo lo que se es dado con naturalidad se vive con naturalidad, y todo lo que se es dado con marginalidad crea atractivo. Y si papá y mamá “Ommmm” todo el día, y “qué malos los yanquis y los McDonalds y tal”, generan una inquietud. El índigo es muy inquieto. El índigo no obedece por respeto o por admiración, sino por comprobación. Y te va a querer igual aunque seas vegetariana y te la pases con el Om. Pero irá al McDonalds. En cambio, si comer comida vegetariana es una celebración, hay respeto por los que comen carne, por los que fuman… Se les inculca desde pequeños a que lo auténtico es lo que sale por la boca de amor, y no lo que entra por la boca, de cualquier cosa, y que se les da la oportunidad de que ellos elijan y por supuesto se les explica que el comer carne es comer cadáveres, y que al fin y al cabo todo es vibración, pues ellos van a elegir lo correcto. Lo correcto para su frecuencia, para su energía, para su expresión.

El índigo tiene aptitudes espirituales, le interesa el Yoga, el Reiki y otras cuestiones de imposición de manos; le interesan las terapias alternativas, la musicoterapia, la música nueva era, la musicosofía, e incluso le interesan los cristales: le encanta tener cristales, se deja poner cristales, se deja dar masajito. Al hiperactivo necesitamos tenerlo dormido para darle masaje, porque se aburre, se cansa, y sin embargo reaccionan bien a la acupuntura, digito puntura, acupresión, y a las Flores de Bach y toda terapia floral, el hiperactivo. ¿Por qué? Porque aunque la medicina no tenga soluciones (perdón, no tiene soluciones sino sólo tiene un diagnóstico: lo que les he comentado antes de los neurotransmisores), yo, como médico naturista siento que a nivel vibracional los neurotransmisores pueden entrar en una pauta correctiva por la misma vibración que ejerce ese ritmo, esa vibración en cadencia dada por las terapias florales, las que sean. Las flores aztecas (que son de acá)… El principio del doctor Bach fue siempre que las esencias, las plantas y las flores (las curativas, las de poder) del lugar de donde uno es y de donde uno vive tienen el remedio (por eso se llaman “remedios florales”) de corregir el exceso o el defecto de la nota vibratoria que nos está perjudicando. Por lo tanto, ¿qué es un mal funcionamiento de los neurotransmisores, o una alteración del sistema nervioso central, cuya incidencia y manifestación en disfunción es un estado alterado, biológicamente hablando, del niño hiperactivo? ¿Qué es? Una disfunción energética. ¿Cómo se puede corregir? Con algo que aporte una vibración correctora, una vibración que corrija el exceso de actividad y la carencia de atención. Aquí hay terapeutas florales que tratan a niños y niñas índigo y que tienen resultados totalmente positivos, de cambiar y de positivizar el estado hiperactivo de un niño, poco a poco y paulatinamente, pero que da resultados, porque tenemos resultados. Ahora bien, a la mayoría de médicos oficiales, incluso de psicólogos, la mayoría de psicólogos y psicólogas que no tiene ni idea de la terapia vibracional, les hablas de las Flores de Bach o de las flores aztecas y te miran raro, porque no les interesa este tema, ni creen en ello… Y a pesar de que el doctor Bach, el padre de la medicina natural de terapia floral era un médico… Y ni aún así… Pero bueno, será poco a poco…

Los que van a cambiar los dos pilares obsoletos de la sociedad, que son el pilar docente y el pilar de la medicina son los índigo, cuando sean profesores y cuando sean médicos. De momento nos toca a nosotros, puentes índigo, padres, educadores, terapeutas índigo, somos el puente para que ellos consigan ese cambio de consciencia para relacionarnos con nosotros mismos, con los demás y con la vida de una manera creativa, con nuestro tiempo libre. Si no, como decía al principio: tiempo libre, calidad de vida y tecnología sin creatividad llevan a la destrucción. Y los índigos, recordemos, son totalmente creativos. Sólo se interesan y aprenden si sienten la pasión, la creatividad y esa motivación. Aprender de forma creativa.

Cualquier índigo se interesa por las terapias alternativas, y reaccionan muy bien ante ellas, y el hiperactivo no tiene inquietudes espirituales, pero la gran mayoría de hiperactivos tiene la facultad índigo de poder ver seres de otra realidad, ángeles; sentir que su abuelita que murió hace cinco años les cuida, etc. Necesitan tranquilidad, por supuesto, tanto el índigo como el hiperactivo.

A nivel psicomotor, la psicomotricidad en el hiperactivo es problemática. No controla bien ni siquiera su propio cuerpo. Como que crece y no se ha enterado. Yo conozco hiperactivos que se tropiezan con sus propios pies. Cuando trabajaba con niños psicóticos y niños con problemas de déficit mental que les había afectado el aparto psicomotor, pues hacen eso: para salir por el quicio de una puerta, sólo que había que seguir en línea recta, y al final pues claro, se daban contra la pared, y había qué guiarles, etc. O sea que experiencia en lo que es un aparato psicomotor alterado, la tengo. Y de ahí el que observando a los niños hiperactivos, saque la conclusión (porque repito que todo esto es subjetivo, basado en mi experiencia) de que el niño hiperactivo no controla que su cuerpo crece, y como va creciendo se tropieza, va a sentarse y se cae al suelo, se da con el pico de la mesa, etc. O sea que a nivel psicomotriz el hiperactivo sí que tiene problemas. En cambio el índigo desde muy pequeñito (sobre todo si mamá y papá le apoyan) controla el espacio fenomenalmente. Le encanta jugar debajo de las sillas, debajo de las mesas y controla muy bien el espacio. Al índigo le encanta crearse espacios. Le encanta hacerse teepees. ¿Recuerdan ustedes que hacían eso de pequeños? ¿O preferían jugar con todo desparramado sin respetar los juguetes y rompiéndolos, o se hacían casitas?.... Los niños índigo hacen estas casas porque les gusta encontrarse en un ambiente como este… Sentir que su aura está protegida. Ese es el motivo por el cual antiguamente en las cunas se nos ponía una tela, como en los cuentos de hadas: que cuando nacen el príncipe o la princesa duermen en una cuna con telas así; pues eso no tiene mayor secreto que el hecho de equilibrar nuestras auras. Porque cuando somos pequeños realizamos tantas actividades, nos manejan, nos jalan (el mundo de los mayores es así); pellizcos cariñosos, apretones, y los niños necesitamos equilibrar nuestros campos energéticos, y de ahí que el niño índigo, el niño que tiene su potencial de la parte derecha del cerebro expandido, o en vías activas de expansión, necesita reestructurarse, sentirse protegido; sentirse que se esconde debajo de una tela, una tienda, un “tipi” indio; debajo de la cama: lo necesita. En cambio, el hiperactivo es todo lo contrario: si lo metes en un lugar no le ve la gracia a estar ahí debajo jugando, a menos que se quiera esconder momentáneamente, pero necesita agilidad. El hiperactivo necesita actividad; el índigo también, pero de otro tipo, y puede estar debajo de su casita de tela durante mucho tiempo.

Ante las situaciones nuevas, el hiperactivo se descontrola más todavía, se desborda, se sobreexcita; el índigo observa, disfruta, hace preguntas, aprende, se la pasa bien. El índigo por muy pequeño que sea, no está extraño en el mundo de los adultos, no extraña. Los adultos son seres a veces más inmaduros que él, y a veces le inspiran compasión. Hace las preguntas directas, y sabe cuando tu falta de brillo en los ojos es por el corazón, por una necesidad o por una tortura que llevas aquí, Lo sabe; no es un traductor ni un oráculo, pero es un ser sabio, y lo sabe. Y te hace las preguntas y te da las sugerencias desde su corazoncito infantil para hacer de catalizador. Es una maravilla, el índigo, en ese sentido. En otro, pues es un niño, al que de vez en cuando lo meterías en la nevera un ratito… para ver si se congela un rato, porque también tienen mucha actividad, como hemos dicho antes. ( Risas)

Socialmente el índigo es respetuoso y amable, y el hiperactivo es un torbellino. Súper torbellino siempre. Le cuesta mirar a los ojos de quien le habla, y hay que estar dándole frases cortas. Yo a veces veo papás de hiperactivos que les dan grandes sermones, mítines, frases larguísimas interminables, y el niño ya iba tres galaxias diferentes de viaje y ha vuelto. No se está enterando de nada de lo que papá o mamá estaban hablando. El niño hiperactivo necesita frases cortas, repetitivas y premios y autoridad amorosa. Algo concreto y nunca ceder, porque el hiperactivo es muy dado a tirarse al suelo, a dar pataletas, a golpear y golpearse. Repito: algún profesional podría diagnosticárnoslo como psicótico o autista, pero no lo es en absoluto. Está bastante desconectado de esta realidad (y con la terapia floral se puede corregir esto), pero no es autista ni psicótico: Es hiperactivo, y algunos de nosotros también lo fuimos, pero como no existían los psicólogos, repito, “si no hay psicólogos no hay traumas”; por lo tanto, cuando éramos pequeños como no había psicólogos, pues no nos traumábamos. Crecimos arrastrando maletas energéticas que unos las hemos debido transmutar, liberar, perdonar unos de una manera y otros de otras, y que en definitiva nos han servido para sí que estemos preparados, sí que sintamos que podemos ser padres tanto de un hiperactivo como de un índigo o de un índigo hiperactivo o de un hiperactivo que será índigo.

Ante una pérdida, el hiperactivo como que no se da mucha cuenta, como siempre está en la acción, a la mejor algún día pregunta: “¿Y el abuelito dónde se ha ido?”. “El abuelito ha muerto”. “¿Y cuando va a llegar?”. Y a los tres o cuatro meses: “¿Cuándo me dijiste que va a volver el abuelito?”. “El abuelito ha muerto”. “¡Ah!”… Hasta que va creciendo ya va entendiendo. Como que el tema de la muerte, la vida, como que su mente está bastante atemporal. El índigo también tiene una mente bastante atemporal, pero sabe que nacer es morir a otra realidad, y que morir aquí es nacer a otra realidad allí de alguna manera lo sabe. Y es más, te dice: “El abuelito se ha ido su cuerpo, pero al abuelito yo lo siento, yo lo veo, viene a mi habitación”… Te las puede decir cualquier cosa de éstas. Eso ante una pérdida.

Necesidad de amor y de cuidados. El hiperactivo constantemente, siempre porque es su base, el amor es la base para que se desarrolle y madure. ¿Qué hacían con nosotros cuando éramos pequeños, con los hiperactivos? Nos apartaban porque éramos un estorbo: no se nos podía llevar a las fiestas, tocábamos y rompíamos las cosas, y el hiperactivo es igual. Entonces necesitamos atención y cuidados siempre. El índigo por supuesto que también, pero lo hace cada tanto. El índigo sabe cuando estás haciendo un teatro, o cuando estás haciendo un cumplido. Si tienes un índigo en clase o sobretodo en casa, sabrás muy bien de lo que hablo cuando viene una visita o un amigo o una amiga, y el índigo le hace el escáner y ni siquiera se molesta en ser cariñoso ni amable. Y efectivamente esa persona, pues como que tiene una vibra rara, muy rara, y puede que tu no te hayas dado cuenta pero el niño si, y si no al tiempo. El índigo no suele equivocarse casi nunca, casi… Tampoco lo vayamos a tomar como un oráculo de amistades: “al nene no le cayó bien, no lo invites más”… Pues no…

Les cuento algo anecdótico: los índigo tienen memoria atávica, tienen memoria de otras vidas. Y esto no es razonable, no está en la razón. Sólo sabe que “viene una amiga de mama”, y se pone en guardia, y le dice por ejemplo: “¿Y tú qué haces aquí?, ¿Por qué has venido a mi casa? ¿Tú no tienes casa? ¿Tú no te vas a ir a dormir a tu casa?” Y tú dices: “Dios mío, pero si mi niño es índigo, y es muy amable y muy amoroso, ¿cómo le habla así a mi mejor amiga?”. A lo mejor tu mejor amiga en otra vida fue la mujer de tu esposo, y el niño lo ha escaneado, y eso es: “peligro, peligro, papá y mamá pueden tener problemas, peligro, peligro”… ¿Cómo reacciona? Rechazando a tu mejor amiga, y la echa de casa. Pues no vayamos a tomar ahora a nuestro índigo como un oráculo y luego… ( Risas) . Es que el índigo escanea, y como no sabe, porque es pequeño, saca conclusiones y lo único que hace es no comportarse de una manera tan amable con esta persona o con la otra.

Temeridad. El índigo es prudente y sensato, lo cual no quiere decir que no esté una mañana jugando a la pelota y salga volando la pelota y tenga un percance. En cambio el hiperactivo no tiene ningún sentido de la temeridad. Hay que estar vigilándole constantemente. Es más: en algunos hiperactivos he observado que les importa muy poco su vida, pero realmente muy poco. Y los índigos en ocasiones hablan de “querer volver”: “me quiero volver a mi país”, “me quiero volver a mi planeta”, “me quiero volver con mi otra mamá”, o “con mis otros papás”; “no quiero estar aquí”, “no quiero ir al colegio”… Y no lo dicen como una queja, sino que lo dicen desde el nivel del alma: Están hartos, tanto el hiperactivo como el índigo. Tienen no sé, como si se tratara de otra escala de valores en cuanto a su integridad física, tanto el hiperactivo como el índigo. Hay que ir con mucho cuidado con ellos, porque podrían perfectamente tirarse por una ventana convencidos de que no les va a pasar nada, y si les pasa ¿qué?... No tienen sentido de la temeridad.

En cuanto a los juegos, como les explicaba antes, los juegos de los índigos suelen ser participativos; no competitivos, no agresivos, aunque cuando van creciendo pueden aficionarse a las maquinitas de matar marcianos porque tiene una capacidad que también tienen los delfines, que son nuestros índigos del mar: Tiene la capacidad de saber distinguir la realidad virtual, e incluso la realidad en tiempo real y la realidad real. Es decir que un niño índigo sabe perfectamente que si su mamá sale por la televisión, o sale en una pantalla de circuito cerrado porque trabaja en una tienda y sale ahí por el aparato de seguridad, sabe que esa es su mamá pero que no está ahí en esos momentos. Los delfines también, qué curioso. Si ponemos un monitor en una balsa donde estén entrenando los adultos, las hembras adultos, y en otra balsa están los bebés delfines viendo por un monitor, saben que su mamá está ahí en tiempo real pero no en tiempo espacial: no comparte el mismo espacio pero sí el mismo tiempo. El niño índigo sabe que esta que sale por la televisión es su mamá, pero en la planta de arriba donde trabaja como personal de seguridad. Y si su mamá o su papá son actores, saben que el de la película es su papá, que está ahí, pero que no está en tiempo real, porque el tiempo real lo vive con él. Curioso esto. Esto es una facultad de la mente atemporal psicomágica del hemisferio derecho. Por lo tanto en el índigo está muy desarrollada. El hiperactivo no lo distingue: si ve a su mamá en un monitor entra en caos: “¡mamá, mamá!”, y le grita para que le oiga mejor; “¡mamá, ven, mamá, mamá!”, incluso en una foto… Y los hiperactivos es muy curioso, porque cuando les hablan el papá, la mamá, los abuelitos por teléfono, miran el teléfono, porque están esperando que salgan por ahí… Sí, es algo que para ellos es como magia, y piensan: “si te oigo te tengo qué ver”. Es razonable.

¿Miedo a la oscuridad? Sí y sí, con una variedad: lo expresan un 25% de índigos, y el otro 75% no lo expresa pero lo sufre igual. Tienen miedo a la noche, a la oscuridad, y a un punto o dos rojos, que se manifiestan cuando están solos y a oscuras. Esto hasta que no son adolescentes no lo suelen comentar ni decir, y este es un dato del que tengo más de 200 casos. Es más: todavía no me he encontrado a un índigo adolescente por supuesto (a un niño no se lo pregunto para no causarle temor… Si me lo cuenta ya lo se, porque yo le pregunto: “¿Y qué te da miedo cuando estás a solas en tu habitación?” . “Que esté oscuro”. “¿Por qué te da miedo que esté oscuro?”. Y en ocasiones algunos lo dicen: “por los ojos”. “¿Qué ojos?”. “Los ojos rojos”). En cambio el adolescente, que se supone ya ha superado ese miedo, cuando se lo pregunto siempre reaccionan igual, porque dan un paso así (hacia atrás) y me dicen: “¿Y tú cómo puedes saberlo?”. “Pues lo se”. Es uno o dos puntos rojos que acechan, acechan siempre. Es un reto de poder, y se los digo por si son terapeutas o tiene relación con adolescentes índigo que les pueden hablar de esto. Es un reto de poder. Es su propia energía. Esto un niño no lo puede entender, pero un adolescente ya casi sí: es su propia energía de reto, es la tentación. Todo ser iluminado, todo ser que tiene luz en los dos hemisferios (no que sea un elegido y que levite, sino que tiene luz, que se maneja con las dos formas mentales: la intelectual y razonable y la intuitiva y curativa). Es un reto para superar cualquier temor o cualquier miedo que le pueda dar la oscuridad, la noche. Es un reto para iluminar, para llenar de luz esos dos puntos rojos y que se desvanezcan. Es como un auto acechador y hay que superarlo, hay qué vencerlo; no le puede dar miedo, nada de miedo a un índigo, porque es un ser de muchísimo poder. Evidentemente, esto de los puntos rojos y del miedo a la oscuridad en un índigo, tampoco lo va a entender un medico o un psicólogo que no tenga idea de las energías.

En el hiperactivo el miedo a la oscuridad es debido a una exacerbada necesidad de compañía, de sentirse acompañado y de querer dormir en la cama de los papas.

La obediencia. Para que un índigo te obedezca necesita que le des explicaciones. Para que un hiperactivo te obedezca sólo necesita paciencia y órdenes cortas y concretas y repetitivas…

Y ahora hemos terminado, y ahora pasemos a las preguntas. Es su tiempo para preguntar o para compartir algo brevemente, diciendo aquello que nos puede enriquecer a todos. Les doy las gracias a todos los asistentes y ya saben que estoy encantada de estar aquí un año mas en México y si ustedes siguen siendo así conmigo…al final tendré que venirme a vivir aquí definitivamente porque año tras año, los meses que aquí paso se me hacen mas cortos…GRACIAS.