Del libro "ALMAS GEMELAS" – NINA LLINARES – EDITORIAL EDAF
El día de San Valentín, al margen del negocio de los grandes almacenes, empresas de publicidad y un largo etcétera de las sociedades de consumo, debería de ser el Día Mundial del Amor Verdadero, el día en que se tendría que celebrar la valentía de todo aquél que trae el anhelo en su corazón por encontrar o que le encuentre su Alma Gemela.
Quizá sea la necesidad de interactuación de los seres humanos lo que ha llevado a establecer motivos de celebración para casi todo; el día mundial de la Paz, el día mundial de la Mujer, de la Madre, del Padre, del Niño, de los Derechos Humanos... También para el amor hay un día mundial; el día de San Valentín. Este día, el 14 de Febrero, se celebra en la mayoría de países y culturas más allá de connotaciones comerciales o religiosas. Existen varias motivaciones por las que las tradiciones en diferentes épocas fueron sumándose hasta determinar que el 14 de Febrero fuera un día especial para celebrar el día del amor.
Para que algo se celebre de una manera tan extendida y duradera a través del tiempo debe tener una base sólida y alentadora. Si observamos las diferentes tradiciones vemos que el patronazgo de un santo no establece la celebración de un evento, sino que éste ha sido “añadido” sobre un ritual ya existente cuyo origen se pierde en la memoria del tiempo. La capacidad de observación propia del ser humano más la visión mágica de la vida, han hecho que desde siempre, las cuestiones que escapan a la razón fueran motivo de interés y así, se establecía una fecha para celebrar algo en común por parte de una comunidad. Se observó que a mediados del mes de Febrero, la mayoría de aves de diferentes especies se apareaban; es decir, buscaban pareja. Éste fue suficiente motivo para establecer una celebración: por imitación. Además el hecho de que las aves vuelen, surquen el cielo, sean capaces de llevar y traer mensajes, fue un aliciente más para elegir estos días, mediados de Febrero, para instaurar una fecha que propiciara, mediante el festejo, la aproximación entre las personas que buscaban o esperaban encontrar pareja. Coincide además, la celebración de ritos de fertilidad para la tierra, las cosechas y para aumentar, en el año venidero, los nacimientos de futuros miembros de dicha comunidad. El fin no era un rito para "forzar" a la Naturaleza sino para celebrarla. Abundan los relatos de tradiciones previos al cristianismo en los que se hacían rituales de ofrendas para obtener el favor de las deidades que aseguraban buenas cosechas y nuevos hijos para el futuro de la comunidad. Seguramente seria así como surgirían los primeros movimientos de acercamiento para hombres y mujeres jóvenes en edad de emanciparse. En algunas sociedades, la futura pareja era pactada, establecida por los padres desde la infancia de los futuros jóvenes. Pero en otras, las parejas se unían a través de ritos propiciados por este tipo de celebración. Cada hombre o mujer que quería tener pareja llevaba un objeto que él o ella mismo habían realizado y lo depositaba en un lugar establecido a modo de altar. En una parte de dicho altar se apilaban los presentes traídos por los hombres y en la otra los aportados por las mujeres. Este sería, seguramente, el origen del por qué los enamorados se intercambian regalos. Al final de la fiesta, cada persona escogía un objeto y así se unían por casualidad, dándose la oportunidad de conocerse y estableciendo un vínculo de aproximación que podía ser o no duradero. En el caso de no haber afinidad, no se establecía compromiso de relación y se aguardaba al año siguiente por las mismas fechas.
Con la llegada de la escritura, en algunas comunidades, sobre todo en Grecia y en Roma, se escribían los nombres de los que pretendían emparejarse y acudían al paraje donde, a mediados de Febrero, entre la noche del 14 al 15, se celebraban las fiestas en honor a Februra Juno, (de donde viene el nombre de Febrero) diosa de las cosechas, el hogar y la fertilidad y en honor al dios Pan, Fauno como representaciones de la fuerza vigorizante de la naturaleza. Había dos cestas o vasijas donde se depositaban los nombres de los “buscadores”; una para los nombres masculinos y otra para los nombres femeninos. El oficiante iba sacando, por turnos, un papel de cada una de las urnas y se establecían parejas cuyo compromiso de relación duraba un año. En el transcurso de ese año se decidía si había afinidad entre ellos como para formar una familia, y mientras tanto se disfrutaba de la compañía, complicidad e incluso del sexo. Con el catolicismo, este tipo de eventos fue considerado libertino y se "adaptó" cambiando algunas cosas. Se sustituyó la búsqueda de pareja por la búsqueda de la santidad. Para ello se siguieron manteniendo dos recipientes; uno contenía los nombres de los asistentes y en el otro se ponían nombres de santos cuya vida se tenía que imitar a lo largo de todo el año. Se logró eliminar la libertad de practicar el amor libre pero no se pudo erradicar la celebración de intercambiar mensajes, regalos y miradas de amor entre jóvenes enamorados en la celebración de ese día. Al final la iglesia católica decidió buscar un Santo Patrón para esas fechas.
Valentus era un joven romano que se convirtió al cristianismo y se hizo sacerdote en los tiempos de Claudio II. Dos hechos históricos llevaron a la persecución y posterior martirio el 14 de Febrero del año 270 d. C. (fecha aportada por Alban Butler en su libro "La Vida de los Santos"). Por una parte, el afán de conquista del Imperio romano necesitaba reclutar constantemente a hombres jóvenes, los cuales, en su mayoría, preferían entregarse al amor y no a la guerra y les costaba renunciar al impulso natural de formar una pareja y una familia. Solución: se prohibieron los rituales de casamiento con objeto de que el amor no fuera un obstáculo para la expansión del imperio. Además, el cristianismo en aquella época constituía una amenaza para los gobernantes y fue prohibido bajo pena de muerte. Valentus, más conocido como Valentín, no sólo no renunció a su fe, sino que además bendecía en clandestinidad la unión de todas las parejas que acudían a él para que les casara. Fue ajusticiado mediante martirio (se le apaleó hasta morir y después fue decapitado) el 14 de Febrero.
Hoy en día, en Italia, en la ciudad de Terni, al norte de Roma, se encuentra el sepulcro de San Valentín donde se puede leer: "SANTO PATRON DEL AMOR".
La costumbre de enviarse flores, tarjetas y el símbolo emblemático del corazón y la paloma que tanto abunda en los motivos simbólicos del día de los enamorados, también se relacionan con San Valentín, aunque no son históricos sino puras leyendas, pero conviene prestarles atención pues toda leyenda posee en mayor o menor medida una base real. Cuenta la leyenda que San Valentín fue apresado y mantenido encarcelado antes de su martirio y que desde su celda de confinamiento, utilizaba las hojas de las enredaderas de plantas cercanas a la ventana de su celda para grabar “os amo” con un minúsculo objeto o con sus propias uñas, y que estas hojas o pétalos de flores las prendía, a modo de mensaje, en la patita de la paloma mensajera que, periódicamente acudía a la pequeña ventana donde estaba confinado. Algunas de las hojas que utilizaba tenían forma de corazón.
Siguiendo el hilo de toda la leyenda que rodea a San Valentín, encontramos los orígenes de todo el simbolismo que rodea al amor, a los enamorados y al día de su celebración: los regalos, las palomas, los corazones, las flores, las tarjetas con amorosos mensajes. Por lo tanto, podemos sobreponernos a la fría visión de que el día Mundial del Amor solo es un invento de los vendedores y la publicidad... es mucho más.
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