| La sabiduría popular dice: “Aquel que en su mano lleve una turquesa, nunca conocerá la pobreza”…..¿Qué secreto guarda la Turquesa, además de su magnética belleza, para que sea considerada atractora de la fortuna para tantas culturas, desde tiempos prehistóricos?.
Abramos nuestro corazón y recordemos sus maravillas.
QUÉ ES, CÓMO CRECE y DE DÓNDE VIENE
La turquesa es un mineral considerado piedra preciosa. En su composición es un fosfato de aluminio y cobre. (CuAl6 [(OH)2, PO4]4.4H2O). Es un mineral criptocristalino, frágil (de poca dureza) y poroso. Cuando su color es azul intenso, se debe a la presencia de cobre en su composición y cuando es azul pálido o verdoso, se debe a la presencia de otros metales como el hierro, impurezas o bien a que ha perdido su agua.
La turquesa crece en una matriz llamada tela de araña que en ocasiones aporta a su superficie una especie de vetas de colorido marrón. Para algunos especialistas, estas vetas le otorgan un valor especial mientras que para otros, la preferencia y validación radica en todo lo contrario, considerando la belleza y la calidad de la turquesa en relación a la apariencia uniforme sin vetas en su superficie.
La peculiaridad mas característica de las turquesas es su color; puede ser de un azul celeste, tenue, calido, extraordinariamente impactante, a un pálido color azul blanquecino. También podemos encontrar turquesas verdosas, con tonalidades amarillentas e igualmente opacas: la turquesa no deja pasar la luz, apenas existen turquesas traslucidas.
La procedencia más abundante de turquesas es la antigua Persia (hoy Iran), de donde llegaban a Europa desde Turquía; de ahí su nombre otorgado por los franceses quienes la llamaron la piedra de Turquía. Pero su autentico nombre, otorgado por los persas, era: “Firozah”, que quiere decir piedra de la victoria, piedra del triunfo.
La turquesa es uno de los minerales más antiguos de este planeta; para los egipcios era una de sus piedras sagradas, datándose su utilización 5000 años antes del nacimiento de cristo. Obtenían las turquesas de un lugar al que llamaban “El país de las turquesas” situado en la península del Sinai, donde se ubicaban seis prolíficas minas de este mineral, una de las cuales se encontraba muy cerca de uno de los templos mas antiguos y sagrados para los antiguos egipcios: el dedicado a la diosa Hathor. Aun hoy en día siguen habiendo turquesas en estos enclaves.
Antes de que Colon descubriera América, los nativos norteamericanos, ya explotaban las minas de turquesas en las zonas hoy conocidas como Arizona, Colorado, Nevada, California y Nuevo México, donde aun hoy en día existe cu comercialización en un lugar llamado Cañón Apache.
En Tibet existen minas secretas de valiosa belleza. También en China se encuentran las turquesas mas valoradas por los coleccionista por su extraordinaria pureza y belleza. Otros lugares de donde proceden las turquesas son Australia, Chile e India. En España tenemos turquesas de especial belleza y calidad en Cáceres.
HISTORIA, MAGIA, LEYENDAS y CURIOSIDADES
La turquesa es tan mágica y abundante en historias y leyendas como lo fue la antigua Persia (hoy en día Iran).
La turquesa es uno de los minerales mas antiguos de este planeta y uno de los primeros en ser considerado piedra de adorno personal y ornamental desde tiempos remotos, datándose su utilización desde hace más de 7000 años.
Las turquesas más hermosas suelen tener un precio elevado. Esto es debido a que aun hoy en día su extracción se realiza artesanalmente, sin utilizar medios mecánicos.
Para los nativos norteamericanos, la turquesa también era una de sus piedras favoritas (hoy en día siguen existiendo yacimientos de turquesas en Arizona, Nuevo México, Nevada, Colorado).
Para los indios Hoppis, navajos, apaches (la utilizaban como amuleto propicio para obtener suerte en sus cacerías), para los antiguos aztecas (que llamaban a la turquesa “la piedra de los dioses”), persas, hindúes, chinos, aborígenes australianos y muchas otras culturas distantes y desconocidas entre si, la turquesa era portadora de buena fortuna otorgándole poderes mágicos de protección y de mantenimiento de la salud y la buena suerte. Era (y es) utilizada como amuleto protector para no fracasar en la consecución de los sueños y proyectos personales. Los árabes la llamaban “la piedra de la buena suerte”. Para los aborígenes mexicanos, el valor de la turquesa era que otorgaba longevidad, resistencia física, protección y riqueza hasta el punto de estar prohibido su uso a nivel popular: solo los hijos de los dioses, los gobernantes, podían tenerlas.
Faraones y sacerdotes del antiguo Egipto utilizaban turquesas tanto en sus vestimentas como en sus valiosos objetos de poder psicomágicos. Se han encontrado joyas de gran valor como pectorales y escarabajos sagrados, tallados con turquesa.
Para turcos y persas, llevar consigo una turquesa era la protección que evitaba el riesgo de caídas, tanto para ellos como para sus caballos.
Los tibetanos realizaban sus instrumentos ceremoniales y religiosos con turquesas.
Una leyenda muy extendida sobre la turquesa, dice que entrega toda la fuerza de su energía cuando se ha sufrido un desengaño amoroso y que su color se altera llegando a tener una apariencia tenue, pálida, pues su energía la entrega en la recuperación de la herida del corazón sufrida. Lo cierto es que a lo largo de todos los años que llevo interactuando con las propiedades vibracionales de los minerales, he podido comprobar que cuando una persona enferma, su turquesa personal se vuelve pálida y cuando la persona recupera la salud “por arte de magia” la turquesa vuelve a presentar un color y brillo maravilloso.
Otros de sus generalizados, extendidos y compartidos atributos son: aporta bienestar (paz interior) a quien la lleva como colgante o piedra de compañía, potencia la creatividad, aporta resistencia física, atrae la prosperidad, enfoca la atención y la voluntad para lograr las metas personales. Cuando la turquesa tiene adherencias de plata se dice que atrae la felicidad y el bien estar y que cuando tiene inclusiones de cobre se le atribuye un poder especial para equilibrar el sistema circulatorio. No es casualidad que una de las denominaciones de la turquesa sea “la piedra de la paz”. Y efectivamente, su vibración ayuda y repara la paz interior.
Las ancianas indias colocaban pequeñas piezas de turquesa sobre sus ojos para mejorar la vista cansada. Estas sabias y valerosas mujeres siempre llevaron en su indumentaria turquesa para fortalecer la memoria y no perder reflejos con el paso de los años, es decir, para mantenerse jóvenes mas allá de la edad o el desgaste físico que les suponía vivir en las condiciones tan extremadas donde vivían.
CRISTALOTERAPIA
Para su utilización en joyería, las turquesas suelen ser tratadas con cera (para aportarles brillo y resistencia) como con tintes artificiales (para potenciar y prolongar su coloración). Estos métodos se realizan con éxito debido a su naturaleza porosa.
Evidentemente, para su empleo en cristaloterapia tanto a nivel de piedra personal como para imposición en sesiones cristaloterapeúticas a pacientes, escogeremos turquesas naturales que no hayan sido tratadas de manera artificial ya que como medicina natural, lo que nos interesa es su cualidad vibracional intacta. Por este motivo, adquiriremos nuestras turquesas en comercios especializados.
En cuanto a su color y forma (cuando muestra vetas en su superficie, inclusiones ferrosas, de cobre o de plata) su elección estará en función de nuestra preferencia personal.
Algunas de sus cualidades energéticas, compartidas por los terapeutas holisticos son:
Mejora la calidad de oxigeno en la sangre, la memoria y los reflejos psicomotores. Resulta muy relajante situarla sobre la frente. Tiene la propiedad de relajar y calmar la vista cansada, los ojos enrojecidos y el dolor de cabeza sobre todo en circunstancias de exceso de estudio. En estos casos se colocan tres pequeñas turquesas: uno sobre la frente y otras dos una en cada párpado cerrado mientras se esta tumbado en posición de relax.
A la hora de limpiar, purificar y recargar la energía de nuestras turquesas (tanto las personales como las utilizadas en sesiones a pacientes) llevaremos cuidado en no exponerlas al sol directo ni dejarlas en ambientes con falta de humedad. Por su naturaleza porosa y blanda no convendrá que las sumerjamos en agua y sal: utilizaremos para su limpieza una infusión de savia durante unos minutos para a continuación secarlas cuidadosamente. Para su recarga las situaremos bajo una pirámide de papel (u otro material) durante unas horas. Si la llevamos como anillo o colgante, llevaremos cuidado de no lavarnos las manos ni ducharnos con ella puesta ya que el jabón y la cal del agua pueden hacerle perder su brillo natural.
Otro método chamánico para su limpieza energética es realizar giros sobre ella con dos plumas, una blanca y una negra, sin llegar a tocarla físicamente, tan solo por encima de su superficie; estos pases energéticos literalmente barrerán toda energía desarmonica que pudiera tener la turquesa.
USO PERSONAL
Para meditar y/o canalizar resulta una piedra muy indicada ya que permite que la mente racional se relaje y la mente intuitiva se expanda. Fortalece la intuición.
Si se lleva una turquesa engarzada a la altura del plexo solar se consigue fortalecer la autoestima y generar un campo energético muy poderoso y positivo capaz de neutralizar cualquier vibración desarmonica.
La turquesa es uno de los minerales que mas secretos compartirá contigo si la eliges como cristal de compañía personal, ya sea como colgante sobre tu cuerpo o como mineral natural para tenerla contigo a lo largo del día, debajo de tu almohada por la noche o entre tus manos en tus meditaciones.
Más información en los libros de Nina Llinares: Cristales de Sanación – Editorial Edaf- y Cristales de sanación para mujeres- Editorial Obelisco.
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